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La Salgar, dónde la tradición se gana una estrella

La Salgar

Cuando un restaurante traspasa lo meramente culinario, ese sitio es indudablemente algo más. Comer en La Salgar el pasado año, fue una acertada decisión y una de las mejores inversiones que pude hacer. Y es que disfrutando de su menú tradicional, no sólo me lo pasé teta cómo muchas otras veces, sino que pude encontrar sabores que sólo mi abuela me brindaba y que creía que había perdido para siempre. Una emoción impagable que va ligada al gran homenaje que hacen los hermanos Manzano a través del entorno (Muséu del Pueblu d'Asturies de Gijón) y su cocina al Principado de Asturias.

Son el súmmum de una gastronomía única e inconfundible cómo es la asturiana. Una tierra dónde la cuchara es religión y el buen comer un hábito. Allí las estrellas y soles brillan con personalidad gracias a unos cocineros que están marcando época (los Manzano, los Morán, Ricardo Sostres ...) con la virtud de no olvidar de dónde vienen. Siempre respetan y veneran a su entorno tal y cómo se puede apreciar en sus cartas o menús gastronómicos. Me se enamora el alma con estas cosas. Chapó.

El restaurante, enfrente del estadio del Molinón, es recogidito, coquetón y excepcionalmente iluminado. En el servicio de comidas no ves ni una sola bombilla encendida gracias a los enormes ventanales en los que puedes apreciar el museo que mencionaba al principio. Una estampa de las que se disfrutan y no te cansas de mirar, un oasis en medio de Gijón ... un tesoro.

La carta tiene dos vertientes bien diferenciadas. Una muy clásica (del terrucho) con arroces, croquetas, mariscos, pescados y carne. Y otra más creativa (con menos presencia en carta), mucho más sotisficada y más propia de la alta cocina. Destaca su menú gastronómico (55€+I.V.A.) que es el que le ha hecho merecedor de una preciada estrella michelin (nada menos). Pero en esta ocasión me decanté por el menú tradicional (37€+I.V.A.) porque me lo recomendaron encarecidamente en Gloria (Oviedo), y porque alberga los platos más exitosos de los Manzano (motivos más que suficientes). Ambos menús tienen opción a un interesante maridaje que ha sido seleccionado por una de las mejores narices de este país: Juan Luis García. Yo me quedé con las ganas al tener que conducir después :(

De lo que no me quedé con ganas fue de comer más. Y es que los ocho pases que tiene el tradicional me dejaron lleno y perfecto para echar a rodar nada más salir por la puerta. La historia empieza con unos aperitivos en los que se puede apreciar técnica, gusto y un guiño a la cocina más creativa de Esther Manzano. La cuajada de ajoblanco y el almidón de patata, invitan a volver para probar la "gama alta", el full equipe. Son dos snacks muy sencillos, fantásticamente emplatados, pero con mucho intringulis por detrás.

Aperitivo de la casa (Cuajada de ajo blanco)Aperitivo de la casa (Almidón de patata)
De aquí pasamos al revuelto de la casa sobre torto de maíz y a las croquetas especiales. Te las sirven a la vez muy acertadamente porque desaparecen de la mesa en un visto y no visto. No soy muy fan de los tortos, pero este en particular estaba exquisito, nada grasiento, suavecito y con un revuelto que dotaba a este clásico de sentido. Y que puedo decir de las croquetas ... ¡AY señolll que croquetas! Cremosérrimas al cubo, abofetean todos tus sentíos con una bechamel deliciosa, perfectas y con mucho trabajo detrás. El conjunto es una maravilla que no te puedes perder porque es de las mejores que he probado en mi vida. Mejor que las de la yaya ... palabras gordas.

Después y casi de improvisto, te calzan una de las joyas. Una fabada asturiana para presignarse antes de comerla porque sólo con el olor uno se da cuenta que algo grande tiene entre manos. Me tomé cada faba cómo si fuera la última, cómo esos amores de verano que no sabes si volverás a ver. Ese caldito era el hilo conector de una de las mejores fabadas que me he tomado hasta la fecha. Y si me pongo hablar del compango, se me erizan los pelos. La morcilla tenía un puntito dulzón tan increíble, que me costará mucho tiempo y horas de psicólogo poder olvidarla. Inenarrable ... poco más que decir.

Revuelto de la casa sobre torto de maíz y croquetas especialesFabada Asturiana
Pero es con el arroz con pitu de caleya con el que un servidor se vio asaltado por los recuerdos de su niñez. Si cerraba los ojos, podía ver a mi abuela cocinando esos pollos criados con tanto mimo por mi abuelo. La única persona que he visto cocinar para este animal y pasearlo cómo si fuera doméstico por todo un huerto. Era algo único ver a las "pipis" detrás del yayo en fila india, al igual que era único el arroz de mi abuela. Jamás había probado uno tan parecido al de ella ... la emoción fue difícil de contener. Sueltecito, caldosito y potente, muy muy potente. Ese sabor que se te queda en lo más alto del paladar y que no baja ni a patadas. Excelente, soberbio, todo un monumento.

Arroz con pitu caleya

Y la traca final vino en forma de dos postrazos de impresión. Se empieza con la galleta de naranja con helado de mango que es creación de Esther. Muy ligero y fresquito, diría que casi digestivo y perfecto para respirar lo que viene siendo una comida contundente. Lo mirara por dónde lo mirara, era incapaz de ver un sólo fallo. La crema inglesa era espectacular, del helado de mango y el propio mango caramelizado ni os hablo y la galleta era el crunch, el rock and roll de un postre redondísimo. De los más deliciosos que me haya zampado.

El último pase pertenece al mejor arroz con leche a la manera tradicional al que me haya enfrentado. No soy nada fan de este postre, no es la primera vez que lo digo, pero este arroz me lo pediré cada vez que vuelva a La Salgar. Porque si algo tengo claro es que voy a volver, que no os quepa duda. Una finísima capa de caramelo es el tejado de un manjar excepcional que se recrea con cada cucharada, cómo esas personas que ensanchan cuando les dan la razón. Me podría pasar todo un día poniendo adjetivos a algo que sencillamente es sublime, cómo todo el menú.

Minigalleta de naranja con helado de mangoArroz con leche a la manera tradicional

Y por si fuera poco, nos plantaron un sencillo y mimetizado Petit Fours (ver foto). Una geniales galletas de mantequilla y praliné de avellana. Me quedo con el praliné, sin duda, un poco subido de chocolate pero perfecto para finalizar.

Sólo puedo tener palabras de agradecimiento a un restaurante que me ha dado lo mejor de Asturias. Todos los recuerdos, todo lo que pude vibrar con cada bocado, fue algo increíble. Quizás por eso he tardado tanto en escribir sobre ellos, porque por aquel entonces pudiera ser que mis palabras no estuvieran a la altura de su cocina y de su personal de sala. Encantadores hasta decir basta, con los que puedes reír y comentar cada plato con total naturalidad.

La Salgar es un templo al que debéis de ir si estáis por Gijón. Calidad e historia a un precio de infartosss. Cómo digo muchas veces ... no es dinero en comparación con lo que comes. Muy buena gente, asturianos de pro. Los Manzano saben lo que hacen y por eso estoy deseando de aceptar el reto que me lanzó Nacho: ir a Casa Marcial a por el gastronómico. Pero ya habrá tiempo para eso.


Calificación:


DIRECCIÓN: Paseo del Dr.Fleming, S/N - Gijón
TELÉFONO: 985 33 11 55

WEB: lasalgar.es
FACEBOOK: facebook.com/LaSalgar
INSTAGRAM: instagram.com/lasalgar
TWITTER: twitter.com/lasalgar



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Madrileño de nacimiento, alcazareño de corazón y criticón por antonomasia. Amante de la comida y apasionado de la música. Opino sobre casi todo con la mayor objetividad y sinceridad posible. Me muevo más que el baúl de la Piquer. [Carlos Manzano Alonso] (http://1.bp.blogspot.com/-PI6DDvT_ZJg/VSavfot4sGI/AAAAAAAAD1E/EZsMviA8B94/s900/IMG_3291.JPG)