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Regueiro, el faro gastronómico del occidente asturiano

El local

Probablemente quien me lea no comprenderá la locura que supone abrir un restaurante en el despoblado occidente asturiano. Una tierra falta de cariño que alberga pequeñas aldeas que sólo se ven transitadas por el turismo durante el corto verano que brinda el Cantábrico. Allí la tradición no tiene clemencia con la vanguardia que practica un genio de atropellada personalidad que decidió emprender su carrera en solitario desde esta antigua casona indiana que también ejerce de hotel.

Una extraña ocurrencia en la que Diego Fernández desata un tormento de sabores capaces de sorprender al paladar más labrado gracias a una cocina que hermana acidez, contrastes y tradición sin olvidarse del producto que le proporciona la tierrina. Un equilibrado cóctel de cualidades que adquirió en su paso por los grandes fogones del principado. Desde "El Puerto" de Miguel Arroyo, pasando por las manos de los Morán en "Casa Gerardo", para terminar junto a Nacho Manzano en "Casa Marcial". Un intachable historial que ha propiciado el desarrollo de un innegable y poco reconocido talento del que afortunadamente podemos disfrutar en esta casa.

Regueiro por su parte, suma a esta experiencia con un agradable complejo que invita al sosiego a través de la calidez y el silencio de su entorno. Todo un remanso de paz ubicado en mitad de un cruce caminos en el que es fácil perderse. Su chimenea arropa en el duro invierno una luminosa y elegante sala recién reformada en la que Analí Romero ejerce de jefa de ceremonia sin buscar protagonismo. Una agradecida discreción que a veces suelo echar en falta y que aquí es toda una virtud.

Un sitio diferente, que transgrede y venera la asturianía a partes iguales con un menú gastronómico que empieza con unas de las mejores croquetas de jamón del país y termina con un sublime arroz con leche. Por el camino de este recorrido que plantea Diego y que acusa la falta de un buen maridaje, encuentras pequeños bocados que reflejan a la perfección lo escrito anteriormente. Un cristalino concepto que transmite la idea, la pasión de un chef que va a comerse el mundo digan lo que digan las guías.

  • Pan de tomate
  • Croquetas de jamón
  • Calamar aliñado, papada y caldo cítrino : Ravioli de calamares guisados con pilpil de bacalao, ajo negro y vainilla
  • Oricios, puerros, sidra, apio, hinojo y yema en escabeche
  • Oreja de cerdo en su jugo, pez mantequilla, fresa, pomelo y hierbas frescas
  • Molleja especiada con su jugo y ajo negro
  • Salsa ácida de necoras, palo cortado y cilantro
  • Cigala a la brasa
  • Merluza en su jugo con cebolletas encurtidas, apio y limon
  • Royal de liebre en su jugo
  • Crema de maracuyá y contrastes
  • Arroz con leche

Las primeras bofetadas llegan con el calamar cómo bandera. Un bocado más cítrico que contrastaba con una papada y otro en formato de ravioli con un inmenso pilpil de bacalao. De allí pasamos a unos oricios con puerros, sidra, apio, hinojo y yema en escabeche absolutamente redondos y con una cuerda línea de sabores que eran difíciles de atisbar. Así que entregado ya a la causa en el tercer paso, llegó uno de los grandes platos de Diego: oreja de cerdo con un jugo tradicional súper meloso que acompañaba a un pez mantequilla rematado con fresa, pomelo y hierbas frescas. Mar, tierra, dulce, salado, amargo, picante ... un plato para descubrirse, capaz de poner los pelos de punta gracias a la infinidad de matices que guarda y una contraposición de sabores realmente divertida.

Desde lo más alto seguimos con la inesperada aparición del riesgo en forma de molleja especiada y ajo negro. Una temeridad que quizás debería haberse mostrado un poco más tarde, pero a la que no se le puede negar una perfecta textura (difícil de lograr) y un árido gusto muy convincente. Bravo enlace al plato más radical de una comida histórica: salsa ácida de necoras, palo cortado y cilantro. De Perú a Asturias pasando por Jerez para poner a prueba con suculencia nuestros labios. El último plato de una serie de pases que te noquean y zarandean sin piedad, pero que inteligentemente encuentran la armonía con los siguientes.

Y es que Diego demuestra ser un tipo listo proponiendo una "sencilla" cigala a la plancha cómo nexo de unión a platos más tradicionales que nos separan de un peligroso límite. Una merluza llena de matices con un gran jugo de limón y una exquisita royal de liebre, rematan la parte salada de este sobresaliente menú al que le espera un chispazo final con una fantástica crema de maracuyá con contrastes llena de exotismo, acidez y dulzor. Un telonero casi digestivo para el postre de los postres asturianos (el amigo lo borda) con el que termina el show.

Regueiro es uno de esos sitios que para mi están por encima de lo que diga cualquier guía porque ninguna de estas han estado a la altura de lo que sin duda es el faro gastronómico del occidente asturiano. Un faro que da clarividencia, que se desmarca del resto mostrándonos un nuevo camino cargado de ilusión y sabor por encima de todo. Una de las mejores experiencias a las que me he enfrentado ... dónde pagar algo más de sesenta euros se antoja barato por poder asistir a un desfile lleno de creatividad y buen gusto. No busquéis excusas, id a aprender, id a vivir el sueño de un chef que evoluciona sin límites y es capaz de volar cerca del sol sin quemarse.

Grande Diego, grande amigo.



Calificación:


DIRECCIÓN: Tox S/N - Puerto de Vega
TELÉFONO: 985 64 85 94

WEB: restauranteregueiro.es
FACEBOOK: facebook.com/regueiro.restaurante.hotel
INSTAGRAM: instagram.com/restregueiro
TWITTER: twitter.com/restregueiro



  1. ¡Qué bueno! Tengo muchísimas ganas de ir, muy pendiente. Gran crónica.

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Madrileño de nacimiento, alcazareño de corazón y criticón por antonomasia. Amante de la comida y apasionado de la música. Opino sobre casi todo con la mayor objetividad y sinceridad posible. Me muevo más que el baúl de la Piquer. [Carlos Manzano Alonso] (http://1.bp.blogspot.com/-PI6DDvT_ZJg/VSavfot4sGI/AAAAAAAAD1E/EZsMviA8B94/s900/IMG_3291.JPG)